Acompañar a un peque también implica preguntarnos cómo estamos acompañando. A veces necesitan mucho de nosotr@s, de nuestro contacto y de nuestra presencia. Otras veces, lo que necesitan es que sepamos dar un pequeño paso atrás.
Esta es una reflexión que nace de una experiencia concreta durante un periodo de adaptación y de una pregunta que me hizo mirar de otra manera la dependencia, el cuidado y el espacio que damos a l@s peques.
Durante un periodo de adaptación acompañé a una peque de un año y poco que necesitaba mucho contacto.
Le costaba relajarse por sí misma y, en algunos momentos, necesitaba especialmente que yo estuviera cerca. Cuando requería mi contacto o mi cuidado, yo estaba ahí.
En una ocasión, conmigo consiguió dormirse fácilmente.
A partir de ahí, poco a poco, el vínculo se fue formando.
Y mientras ese vínculo crecía, también fui observando cómo ella iba encontrando su manera de estar en la escuela.
Hasta que una pregunta me hizo pensar:
¿Podemos hacer más dependientes a l@s peques de lo que son?
L@s niñ@s dependen de l@s adult@s. Eso es así.
Necesitan que les cuidemos, que les acompañemos y que estemos disponibles cuando nos necesitan. La dependencia forma parte de esta etapa y no tiene por qué ser algo negativo.
Pero cuando un peque se incorpora a la escuela, todo cambia.
Aparecen otras personas, otros vínculos, otro espacio y otras formas de estar. Y estas nuevas condiciones también hacen que la manera en la que depende de nosotr@s pueda ir cambiando.
Con esta peque, al principio, estar muy cerca era importante.
Necesitaba contacto para poder relajarse y yo podía ofrecérselo.
Pero llegó un momento en el que tuve que hacerme otra pregunta:
¿Qué necesita ahora?
Porque lo que necesita un peque también puede cambiar.
Y ahí creo que está una de las partes más delicadas de acompañar: poder observar y ajustar nuestra manera de estar a lo que necesita cada peque en cada momento.
A veces necesitamos estar muy cerca.
Y otras veces necesitamos saber dar un paso atrás.
No para dejar de cuidar.
No para que sea autónom@ cuanto antes.
Sino para permitir que pueda descubrir otras maneras de estar y relacionarse con el espacio, con otras personas y consigo mism@.
Con esta peque, poder ver eso y darle el espacio que necesita ha sido importante.
Ahora está fenomenal.
De vez en cuando, cuando me ve, llora.
Pero ahora, muchas veces, con que yo esté cerca es suficiente.
Y para mí es muy bonito poder observar ese cambio.
Al principio necesitaba mi contacto para poder relajarse.
Ahora puede necesitar simplemente saber que estoy ahí.
La necesidad sigue existiendo, pero ha cambiado la forma de expresarse.
Y esto me hace pensar en esa línea tan fina que existe entre cuidar, acompañar y mantener una dependencia que quizá ya no necesita estar igual de presente.
No creo que se trate de evitar que l@s peques dependan de nosotr@s.
Tampoco de pensar que si necesitan mucho contacto estamos haciendo algo mal.
Se trata, más bien, de poder observar.
De estar disponibles cuando nos necesitan.
Y de poder reconocer cuándo aquello que antes necesitaban de una determinada manera empieza a poder darse de otra.
Porque acompañar también implica saber cuándo nuestra presencia es necesaria y cuándo podemos dejar un poco de espacio.
A veces ese espacio puede dar un poco de miedo.
Puede aparecer el llanto.
Puede volver a reclamarnos.
Y podemos pensar que estamos haciendo algo mal.
Pero quizá no sea así.
Quizá simplemente estemos acompañando otro momento del proceso.
Acompañar no es conseguir que un peque deje de necesitarnos. Es poder estar ahí mientras va descubriendo, poco a poco, otras formas de estar.
Y para eso, a veces, necesitamos estar muy cerca.
Y otras veces, dar un pequeño paso atrás.
Porque acompañar también es dejar espacio.