Empezar la escuela supone un gran cambio para l@s peques y también para sus familias. Hablamos de lo que ocurre durante este proceso y de la importancia de respetar los ritmos de cada peque.
Aunque hablamos de un periodo de adaptación, el tiempo que cada peque va a tardar en adaptarse a un nuevo espacio depende mucho de ell@s.
Cada niñ@ es un mundo.
Y no solo l@s peques viven este proceso. Las familias también tienen su propio periodo de adaptación, porque empezar la escuela es algo que moviliza a ambas partes.
Al principio, el/la niñ@ llega a un lugar nuevo, con gente nueva y con otros peques que también pueden estar llorando. De primeras, no es un lugar demasiado cómodo.
La persona que está ahí para acompañarle tampoco es mamá o papá. Su contacto no es el mismo. Ni las caras, ni la voz, ni esa manera de estar cerca son todavía conocidas. Y es normal que les extrañen.
Entonces, ¿qué ocurre?
Que, con el tiempo, el vínculo también se va creando.
Esas caras empiezan a ser conocidas, igual que la voz y el contacto. Poco a poco, el/la peque empieza a reconocer a las personas que están ahí, el espacio, las rutinas y todo aquello que al principio era nuevo.
Todos estos cambios pueden llevar a situaciones estresantes. Y estas situaciones pueden derivar en pequeños cambios una vez que están en casa: que les cueste dormir, que haya cambios en la alimentación o que necesiten más contacto.
Necesitan seguridad.
Y todo esto también forma parte del periodo de adaptación.
Porque adaptarse no es solamente lo que ocurre cuando están en la escuela. Todo lo que están viviendo puede tener su reflejo también cuando vuelven a casa, donde pueden necesitar estar cerca de aquello que conocen y les da seguridad.
Y, poco a poco, cuando empiezan a acostumbrarse a la clase y a la escuela, empiezan también a disfrutar de un montón de cosas.
El juego entre iguales.
El vínculo con l@s acompañantes.
Las canciones.
Los cuentos.
Las propuestas.
La riqueza de todos estos momentos es incalculable. Y también lo es el trabajo de quienes estamos ahí acompañando.
Y, como en todo, hay partes complicadas y partes muy fáciles. Hay partes bonitas y partes difíciles.
Por eso es importante poder asumir que l@s peques van a llorar y que también se van a reír.
Tanto el llanto como la risa son formas de expresión emocional. Cuando aparecen, necesitan poder expresarse y ser acompañadas.
No se trata de que dejen de llorar cuanto antes, sino de poder acompañar aquello que sienten mientras van encontrando su lugar.
Y qué bonito es cuando esos llantos empiezan a convertirse en sonrisas.
Cuando aparecen los bailes.
Las pequeñas conversaciones.
Las canciones.
Las ganas de jugar.
Las ganas de estar.
El periodo de adaptación tiene todo esto.
Tiene llantos y risas, momentos fáciles y momentos difíciles, inseguridades, necesidad de contacto y vínculos que poco a poco empiezan a construirse.
Y también tiene la posibilidad de disfrutar de todo lo que ese nuevo espacio puede ofrecer.
Cada peque necesita su tiempo.
Y también cada familia necesita encontrar el suyo.
Y si estás viviendo ahora mismo este proceso con tu peque, quizá también sea importante recordar que no tienes que tener todas las respuestas. Es normal que aparezcan dudas, miedos o inseguridades. Acompañar este momento también significa poder confiar poco a poco, daros tiempo y recordar que cada familia vive su propio proceso.